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¡Más fuertes juntos!

Ciertamente, la fortaleza de cualquier tipo en una persona ha sido una virtud desde tiempos ancestrales. No importa cual sea su tipo, sea mental, física, emocional, social o espiritual, ser fuerte es un factor determinante para cada etapa de nuestras vidas, ya que nos permite crecer en todos los ámbitos de la humanidad a través del tiempo.

Sin embargo, cuando hablamos de fuerza, es bien común asociarlo primeramente a un género, normalmente al masculino, por aquello de la comparación biológica con respecto a la mujer. Luego vienen otras comparaciones; se dividen las corrientes en diferentes cauces y es donde comenzamos a descubrir que existen varios tipos de fuerzas para cada tipo de personas (no importando su género) en  diferentes situaciones.

Ahora bien, la ausencia de la fuerza, como ya mencionamos anteriormente en cualquiera de sus tipos, afectaba mayormente al género masculino, ya que social y tradicionalmente un hombre débil es sinónimo de fracaso, decepción e incluso hasta burla. Por el contrario, si a una mujer se le acusaba de no ser fuerte, esto se considera como “normal” y socialmente era cobijada y protegida.

Podemos encontrar miles de casos de este tipo dentro de la naturaleza, donde la fuerza bruta brinda el control y garantiza la subsistencia de los animales que se someten al dominio de un macho fuerte, donde el macho más débil es exiliado o muerto, y las hembras son cobijadas en el seno del grupo por el resto de los sometidos en el clan. Sin embargo, esto funciona para la fauna y no para la humanidad, aunque la sociedad insista en lo contrario.

Aún hoy, nuestra cultura celebra a aquel hombre estoico, que puede enfrentar todo solo, que supera adversidades por sus propios medios, que no se quebranta mentalmente; que puede desprenderse de su humanidad lastimada y espíritu afligido, continuando adelante sin mostrar rastros de dolor o cansancio (cualquiera que sea), para armar un imperio en su imagen fortalecida a través de los obstáculos superados, pero que se desmorona desde dentro, solo por no demostrar un ápice de debilidad.

“La fuerza, es muchas veces mal entendida como un hombre que no necesita ayuda; sin embargo, nada más lejano a la realidad que eso, pues Dios ya sabia de esto desde la creación.”

Es fácil reconocer a un hombre que se encuentra en esa situación (que hay muchos): sería un hombre callado, pues no puede hablar de sus sentimientos ni demostrar que los tiene; sería además seco y poco cariñoso, pues demostrar afecto es bajar la guardia y podría ser lastimado. Sería también solitario, pues si en algún momento las fuerzas le fallaren, nadie percibiría sus lágrimas o sus horas más oscuras; mostraría una sonrisa como máscara para ocultar las cicatrices y las heridas que aún sangran, todo por el hecho de demostrar socialmente, que es fuerte. ¿Les suena familiar?

La fuerza, es muchas veces mal entendida como un hombre que no necesita ayuda; sin embargo, nada más lejano a la realidad que eso, pues Dios ya sabia de esto desde la creación. Es por eso que cuando el hombre fue creado y estaba solo en la tierra, el Padre en Génesis 2:18 le envió una ayuda idónea, diciendo: “…No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él”. 

Es una gran noticia saber, que a pesar de todos los intentos de la sociedad y del mundo de intentar sembrar y germinar ese pensamiento dentro de los corazones de las personas, la Palabra nos revela en Eclesiastés 4:9-10 que ”Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante”, quiere decir que la verdadera fuerza está en la combinación de ambos.

Sabemos que hoy en día, ya no solo el hombre debe ser o al menos aparentar ser fuerte, también la mujer ha sido seducida con ese pensamiento. Han querido sembrar la idea separatista de que pedir ayuda es de débiles, fracasados e incluso cobardes, sin embargo, Dios dice, que no solo es de valientes estar juntos, sino que esa ayuda idónea está a nuestro lado para fortalecernos mutuamente y que guiados por Él, se puede vencer todo JUNTOS. Eclesiastés 4:12. “Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y el cordón de tres dobleces no se rompe pronto”.

Si estás en una relación con una pareja, ¿qué tal si decides hoy entregarle el centro de tu corazón, y de tu relación, a Jesús? Dios es capaz de transformar todas las cosas que han sido heridas y dañadas y hacer todas las cosas nuevas. Te invitamos este fin de semana a que puedas darle la oportunidad a Dios a sanar tu corazón, a un evento especial que de seguro cambiará tu vida, la vida de tu casa y la vida de tu familia. Conoce más en este enlace.

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