“Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”Mateo 6:21 Nuestro corazón siempre termina siguiendo aquello que más valoramos. Podemos decir que Dios es primero, pero nuestras decisiones, nuestro tiempo, nuestras preocupaciones y nuestras prioridades muchas veces revelan otra realidad. Aquello que ocupa constantemente nuestros pensamientos, recibe nuestras fuerzas y controla nuestras emociones puede …
“Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”
Mateo 6:21
Nuestro corazón siempre termina siguiendo aquello que más valoramos.
Podemos decir que Dios es primero, pero nuestras decisiones, nuestro tiempo, nuestras preocupaciones y nuestras prioridades muchas veces revelan otra realidad. Aquello que ocupa constantemente nuestros pensamientos, recibe nuestras fuerzas y controla nuestras emociones puede estar mostrando dónde se encuentra realmente nuestro tesoro.
Jesús no dijo: “Donde esté tu corazón, allí estará tu tesoro”. Él enseñó lo contrario: donde colocas tu tesoro, allí se mueve tu corazón.
Cuando inviertes tu tiempo en la presencia de Dios, tu corazón comienza a desear más de Él. Cuando buscas primero su voluntad, tu corazón aprende a confiar. Cuando sirves, das, perdonas y obedeces, tu corazón se alinea con el cielo.
Pero también ocurre lo contrario. Sin darnos cuenta, podemos entregar nuestro corazón a la aprobación de las personas, al dinero, a una relación, al trabajo, a las redes sociales o incluso a nuestras preocupaciones. No porque esas cosas sean necesariamente malas, sino porque han comenzado a ocupar el lugar que solamente le pertenece a Dios.
Hoy el Señor nos invita a detenernos y preguntarnos:
¿Qué está ocupando la mayor parte de mis pensamientos?
¿Qué temo perder más que cualquier otra cosa?
¿Qué dirige mis decisiones?
¿Dónde estoy invirtiendo lo mejor de mí?
Tus respuestas pueden ayudarte a descubrir dónde está tu corazón.
Dios no quiere solamente una parte de ti. Él desea ocupar el centro. No para quitarte lo que amas, sino para ordenar tu vida y enseñarte a amar correctamente.
Cuando nuestro corazón está en Dios, las circunstancias pueden cambiar, las personas pueden fallarnos y las puertas pueden cerrarse, pero nuestra paz permanece firme porque nuestro tesoro no está en algo temporal.
Hoy vuelve a colocar tu corazón en las manos de Dios. Entrégale nuevamente tus prioridades, tus sueños, tus temores y tus deseos.
Para reflexionar
Tu corazón siempre irá detrás de aquello que has convertido en tu tesoro.
Oración
Señor, examina mi corazón y muéstrame si algo ha ocupado el lugar que te pertenece. Ayúdame a ordenar mis prioridades, a buscarte primero y a valorar más tu presencia que cualquier cosa temporal. Que mis pensamientos, decisiones y deseos estén alineados contigo. Hoy vuelvo a entregarte todo mi corazón. En el nombre de Jesús, amén.
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