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Cuando amar cuesta más que soltar

El amor… vaya que existen innumerables definiciones sobre algo que no tiene definición “per se”. Existen innumerables formas de expresarlo, de sentirlo, de representarlo, de describirlo; siendo algunas tan semejantes que parecen sinónimos, y muchas otras tan diferentes que parecen antónimos. Para algunos, marcharse de “un” o “algún” lugar representa una forma de amor, y …

El amor… vaya que existen innumerables definiciones sobre algo que no tiene definición “per se”. Existen innumerables formas de expresarlo, de sentirlo, de representarlo, de describirlo; siendo algunas tan semejantes que parecen sinónimos, y muchas otras tan diferentes que parecen antónimos. Para algunos, marcharse de “un” o “algún” lugar representa una forma de amor, y para otros, por el contrario, quedarse “con” o “en” algún lugar es la forma de representar el verdadero amor.

No solo es difícil de definir, también es difícil de entender, sobre todo cuando tenemos nuestras propias definiciones, aquellas marcadas por nuestras experiencias, vivencias, sentidos o conocimientos. Muchos de nosotros incluso tenemos definiciones que alguien más definió por nosotros, como cuando te dijeron: “si aquel no hace esto, no te ama; si te hace esto otro, te ama”. Y así vamos cercando una definición y una lista de verificación que nos diga, de alguna manera, qué es amar.

Así que, con una lista tan larga, abarrotada de agotadoras y complicadas explicaciones, me tomaré la libertad de explicarlo como dice la Palabra:

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser…”

1 Corintios 13:4-8
El amor como decisión sabia: amar sin perder el corazón

Una vez predefinido un marco y fundamento, podemos saber, o al menos tener una mejor referencia a través de la luz de la Palabra, de lo que es el amor. Y lo primero que podemos identificar de este verso es que se define de dentro hacia afuera; es decir, desde dentro de nosotros hacia los demás, y no desde afuera hacia dentro, dependiendo de lo que nazca o hagan los otros.

Esa primera renuncia es la clave para esta reflexión: no se trata de lo que recibimos, sino de lo que nace desde nosotros. Pues todos sabemos que amar a alguien que te ama y demostrarlo es fácil cuando todo marcha sobre ruedas. Ahora bien, amar a quien no corresponde, que no te da algo a cambio, o cuando todo está de cabeza, ya no parece tan sencillo.

Amar cuando te duele, cuando te hieren, cuando te humillan, cuando te faltan el respeto, cuando te menosprecian, cuando te lastiman o cuando no hay nada a cambio… es una de las expresiones más profundas del carácter de Cristo. Sin embargo, esto no significa permitir abuso, injusticia o permanecer en espacios que destruyen tu vida o tu dignidad. El amor de Dios nunca contradice Su justicia ni Su cuidado por nosotros.

Todos hemos sentido esa tensión interna: momentos en la vida en los que el corazón está cansado, las heridas son reales y la mente susurra con insistencia que lo más sensato sería soltar, protegerse y seguir adelante. Hay relaciones que duelen, situaciones que desgastan y entornos que lastiman profundamente. En esos momentos, amar no siempre significa quedarse; a veces, amar también implica poner límites, tomar distancia y proteger lo que Dios ha depositado en tu corazón.

El amor verdadero no se revela solo en los días luminosos donde todo fluye con facilidad y el corazón se llena de emoción. En realidad, surge y se prueba en los momentos más difíciles, donde debemos decidir entre reaccionar desde la herida o responder desde el carácter de Cristo. Y es allí donde el amor deja de ser solo un sentimiento agradable y se convierte en una decisión profunda, guiada por la verdad y la sabiduría.

Jesús vivió esta realidad en su propia carne, en Getsemaní y en la cruz. Con el peso del mundo sobre sus hombros, pudo haber detenido todo, pero decidió amar hasta el final. Sin embargo, también vemos a Jesús retirándose, poniendo límites, alejándose de multitudes o de quienes querían hacerle daño antes de su tiempo. Su amor nunca fue pasivo ni permisivo; fue intencional, firme y lleno de verdad.

Cuando nosotros decidimos amar aun en medio del dolor, pero cuidando nuestro corazón, estamos reflejando ese mismo equilibrio divino. Lo sé, no es fácil, pero es precisamente en ese proceso donde el carácter de Cristo se forma en nosotros. Pablo también vivió este amor en carne propia: fue abandonado, perseguido y traicionado, y aun así siguió amando, pero también caminó con discernimiento y propósito.

Así que, si hoy te encuentras en una encrucijada, donde amar duele, quiero hablarte con total honestidad: ¡sí! Tu dolor es real, pero Dios lo ve todo. Él conoce cada lágrima, cada noche difícil, cada oración en silencio. Él no minimiza tu sufrimiento.

Antes de tomar una decisión, pregúntate con sinceridad: ¿Estoy actuando desde el amor de Dios o desde el dolor? ¿Estoy permitiendo algo que Dios nunca me pidió tolerar? ¿Estoy cuidando el corazón que Él me entregó? ¿Estoy amando con verdad, o simplemente soportando sin dirección?

El amor que cuesta no siempre será entendido por quienes te rodean. Algunos lo verán como debilidad o ingenuidad; sin embargo, ante los ojos de Dios, el amor verdadero es aquel que se mantiene firme en la verdad, sin perder la gracia.

El amor verdadero se revela no solo en permanecer, sino en saber cómo amar correctamente. Amar no es conveniencia; es compromiso, pero también es sabiduría, límites y verdad en medio del proceso.

Así que ama… pero ama bien. Dios te bendiga.

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Alejandro Prieto

Alejandro Prieto

Alejandro Prieto forma parte de nuestro equipo de liderazgo y sirve como responsable del área de Primera Impresión, donde junto a su equipo crea un ambiente acogedor y organizado para que cada persona se sienta bienvenida desde el primer momento. Además, dirige el grupo de Hombres Forjados, un ministerio enfocado en formar hombres con identidad, carácter y propósito en Cristo, comprometidos con su familia, su iglesia y su llamado.

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