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¡Nunca más ansiosos!

Ansiedad, es ese estado de agitación, inquietud y zozobra, que también puede definirse como un sentimiento de miedo o temor ante situaciones que pueden ser estresantes, algunas de ellas fundamentadas en miedos reales, pero otra gran mayoría, por situaciones que no representan un peligro o un riesgo real para nosotros. Sin embargo, en nuestro afán por controlarlas o solucionarlas, nos generan estrés emocional y por consecuencia la famosa “ansiedad”.

“Estoy ansioso” o “estamos ansiosos”, son expresiones que no escapan de nuestro dia a dia, está muy de moda esta terminología para casi cualquier situación de la cual no tenemos control absoluto o parcial. 

“Muchas veces, este estado emocional alterado, donde nuestros pensamientos viajan mucho más allá de la realidad, termina afectándonos de manera negativa a tal grado que tomamos decisiones apresuradas que traen consecuencias y resultados peores de los que estamos viviendo en el momento.”

Muchas veces, este estado emocional alterado, donde nuestros pensamientos viajan mucho más allá de la realidad, termina afectándonos de manera negativa a tal grado que tomamos decisiones apresuradas que traen consecuencias y resultados peores de los que estamos viviendo en el momento. Aún así, tenemos que recordar que la Palabra nos enseña en Filipenses 4:6-7 “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”

Ciertamente, en ocasiones es difícil controlar nuestros pensamientos. Imaginar cosas que aún no suceden son la semilla de donde brotan casi todas las cosas creadas por el hombre (buenas y malas), que utilizando el recurso natural que nos ha regalado Dios por excelencia y que nos difiere del resto de las especies (nuestra mente) nos hace lograr y conseguir metas que eran aparentemente imposibles. El detalle se encuentra, cuando esos pensamientos no están regidos y fundamentados en Dios, sino por un sentimiento de temor o inseguridad, el resultado será la cuna para la ansiedad.

Seguramente, hoy te has levantado con algún tipo de afán, aún sin notarlo, pues desde nuestro amanecer, comienza aquella rutina contrarreloj a la que inocentemente creemos controlar a nuestro antojo: despertar, tomar la ducha, colar el café, preparar el “lunch” para los hijos, tomar el bus de la escuela, salir a trabajar, soportar el tráfico y conducta de cada ser humano que despertó en las mismas condiciones y conseguir dinero para cada uno de los “billes”. Estos son el día a día de muchos de nosotros, que ciegamente nos consume el tiempo, la energía, pero por sobre todo, la vida.

En este ajetreo, olvidamos las cosas verdaderamente importantes; simples regalos que Dios nos entrega cada minuto, y que por ser tan simples ignoramos. ¿O es que ya agradeciste a Dios hoy por el aire que respiras? Dice en Mateo 6:25-26 “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?”

La ansiedad tiene la capacidad de detenernos y derrumbar nuestros sueños, además de paralizarnos en un ciclo repetitivo donde la salida no es clara, donde las opciones parecen agotadas, y donde nuestra mente se detiene esperando el peor de los resultados. Sin embargo, si ponemos en Dios nuestras ansiedades, Él se encargará de tomar control de todo. Recuerda que la palabra nos enseña en Primera de Pedro 5:6-7 “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.”

Sea cual fuere el motivo de tu ansiedad el dia de hoy, aquel pensamiento que te perturba y te hace estremecer, quizás aquel sentimiento que solo tu conoces y que pareciera te esta consumiendo por dentro, aquel miedo que te paraliza y apenas te deja respirar, o si sientes que la carga es pesada y ya no tienes fuerzas, recuerda que Jesus dejó este mensaje para ti: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. Mateo 11:28-30.

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